Robos reiterados en Angualasto, vivienvas violentadas y una tranquilidad que se desmorona
- Diario Libre

- 8 ene
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Tres hechos delictivos en una misma zona de Angualasto encendieron la alarma entre los vecinos. Casas desocupadas, robos sin resolver y un reclamo cada vez más fuerte por mayor presencia policial ponen en jaque la imagen de un pueblo históricamente tranquilo.

La postal habitual de calma y puertas sin llave en Angualasto comenzó a resquebrajarse en las últimas semanas. Entre el martes y miércoles de esta semana se registró un nuevo robo que volvió a encender todas las alarmas y dejó expuesta una preocupación que ya no se limita a un hecho aislado, sino a una seguidilla de episodios que se repiten sin respuestas concretas.
El último caso ocurrió en una vivienda ubicada en la zona de la bajada del Mirador, en cercanías de la planta potabilizadora de OSSE. La casa pertenece a Adrián Mercado, empleado del Correo Argentino en el departamento Iglesia, quien no reside de forma permanente en el lugar pero lo visita a diario para controlar la propiedad y alimentar a una perra que quedó en el domicilio. Fue durante una de esas recorridas cuando advirtió que una ventana de la cocina había sido violentada y que personas desconocidas habían ingresado al interior.
El panorama que encontró fue desolador. Delincuentes se llevaron un televisor LED Samsung de 32 pulgadas, una licuadora marca Liliana, una consola de sonido Phonic de 8 canales, un centro musical Sony con la compactera dañada, cuatro parlantes de distintas marcas, un radiograbador desmontable Sanyo, un celular Samsung S6 con el módulo roto y una conservadora mediana color celeste con tapa blanca. La denuncia fue realizada a primera hora del miércoles y personal policial ya tomó intervención en el lugar.
Sin embargo, lo que genera mayor inquietud no es solo el robo en sí, sino el contexto en el que se produce. Meses atrás, familiares directos de la misma víctima sufrieron un hecho similar en otra vivienda, donde personas mayores fueron prácticamente despojadas de todos sus bienes. En aquel caso, la investigación no arrojó resultados y, con el correr del tiempo, trascendió que algunos de los elementos robados habrían sido ofrecidos para la venta, sin que eso derivara en recuperos ni detenciones.
A este escenario se suma un tercer episodio reciente, ocurrido a pocos metros de la vivienda ahora afectada. Una casa vecina, actualmente deshabitada por problemas de salud de su propietaria, fue blanco de un intento de robo, los autores violentaron los candados de las puertas, aunque no lograron ingresar. Los tres hechos se concentraron en el mismo sector de Angualasto, lo que alimenta la preocupación vecinal y refuerza la sensación de vulnerabilidad.
Vecinos del lugar aseguran no haber visto ni escuchado movimientos extraños, un dato que suma más interrogantes que certezas. Mientras tanto, la sensación de impunidad crece y el temor se instala, especialmente en aquellas viviendas que permanecen desocupadas o con visitas esporádicas. “Antes esto no pasaba, Iglesia siempre era una comunidad tranquila y segura, pero parece que han cambiado las cosas”, coinciden varios pobladores.
Lejos de señalar culpables, los damnificados reclaman respuestas concretas y mayor presencia policial en la zona. Temen que los autores regresen por los electrodomésticos que quedaron y advierten que la falta de resultados en investigaciones anteriores solo profundiza el malestar. En un pueblo donde la tranquilidad siempre fue un sello distintivo, los robos reiterados no solo golpean los bienes materiales, sino también la confianza y la convivencia cotidiana. Angualasto, hoy, pide ser escuchado antes de que la inseguridad deje de ser una excepción y se convierta en costumbre.
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