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Chubut ya perdió 22 mil hectáreas por los incendios y advierten sobre la desaparición de los bosques nativos

  • Foto del escritor: Diario Libre
    Diario Libre
  • 16 ene
  • 2 Min. de lectura

El avance del fuego en la cordillera patagónica genera daños irreversibles en ecosistemas naturales y favorece la expansión de especies invasoras, lo que compromete seriamente la recuperación ambiental.


Los incendios forestales que afectan a la provincia de Chubut ya consumieron alrededor de 22.000 hectáreas, provocando una transformación profunda del paisaje cordillerano y encendiendo alertas sobre la posible desaparición de los bosques nativos. Especialistas advierten que las condiciones actuales dificultan cualquier proceso de recuperación a corto plazo.


Las zonas más afectadas incluyen áreas del Parque Nacional Los Alerces y sectores cercanos a las localidades de Epuyén, El Hoyo, Puerto Patriada y El Turbio, donde se registran bosques de especies autóctonas como cipreses, coihues y lengas, combinados con extensas plantaciones de pinos introducidos hace décadas con fines forestales.


Este último factor resulta clave para comprender la gravedad del escenario. Los pinos, considerados una especie invasora, presentan una alta inflamabilidad y se benefician de las altas temperaturas, ya que el fuego facilita la apertura de sus piñas y la liberación masiva de semillas. Tras los incendios, quedan miles de semillas por metro cuadrado listas para germinar, lo que incrementa el riesgo de futuros focos aún más intensos.


Investigadores alertan que este proceso genera un círculo vicioso: los incendios favorecen la expansión del pino, y la mayor presencia de esta especie incrementa la peligrosidad de nuevos eventos de fuego. En consecuencia, las especies nativas pierden terreno y capacidad de regeneración.


Además, la reiteración de incendios reduce la resiliencia del territorio, ya que los árboles autóctonos no logran completar sus ciclos reproductivos. La severidad de los focos recientes deja grandes extensiones con árboles muertos que no alcanzan a producir semillas, lo que acelera el reemplazo de bosques nativos por matorrales y vegetación más inflamable.


Este cambio progresivo en la composición del paisaje deriva en ecosistemas más vulnerables al fuego y menos capaces de sostener la biodiversidad original. Especialistas advierten que, de mantenerse esta tendencia, vastas áreas podrían perder de forma permanente sus bosques naturales, con consecuencias ambientales, climáticas y sociales de largo alcance.

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