(Editorial) Expo Minera San Juan 2026: la oportunidad histórica que puede encontrarnos otra vez sin preparación
- Diario Libre

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La reciente edición de la Expo Minera San Juan 2026 dejó mucho más que números impactantes, reuniones empresariales y fotografías institucionales. Lo que verdaderamente dejó fue una señal contundente de hacia dónde se dirige San Juan y, al mismo tiempo, una enorme preocupación sobre el nivel real de preparación que tiene la provincia para enfrentar lo que se viene.

Tanto Diario Libre como Andino Mining estuvieron presentes como Media Partner del evento organizado por Panorama Minero, una exposición que convocó a más de 26.000 personas y que volvió a posicionar a San Juan como uno de los principales polos de atracción minera del país y de Sudamérica. Incluso el comienzo accidentado de la feria, condicionado por la llegada del viento Zonda que obligó a modificar parte de la primera jornada por cuestiones de seguridad, no logró opacar la magnitud de un evento que evidenció algo mucho más profundo, la minería ya no es una promesa futura para San Juan, sino una realidad que avanza a una velocidad mucho más acelerada de lo que muchos creen.

Bastaba recorrer los pasillos de la exposición para entender que la provincia atraviesa un momento bisagra. Empresas de Canadá, Australia, Chile y distintos puntos de Argentina llegaron a San Juan con una decisión tomada, invertir, generar vínculos, posicionarse y asegurarse un lugar estratégico dentro de lo que será uno de los desarrollos mineros más importantes de las próximas décadas.
La presencia de figuras políticas nacionales de peso, entre ellas Karina Milei, dejó en claro además que el Gobierno nacional también entiende la dimensión económica y política que representa la minería sanjuanina dentro del contexto argentino actual. Sin embargo, mientras desde afuera observan a San Juan como una tierra de oportunidades gigantescas, puertas adentro todavía parece no existir una verdadera conciencia colectiva sobre la magnitud del fenómeno que está comenzando. San Juan, principalmente Iglesia, estan en los ojos del mundo, pero no nos estamos dando cuenta.
Quizás uno de los datos más reveladores de toda la Expo fue observar que solamente alrededor del 30% de las empresas presentes eran sanjuaninas, mientras que el 70% restante provenía de otras provincias o directamente del exterior. Ese dato, lejos de ser menor, expone una realidad preocupante, gran parte de quienes ya están planificando el negocio minero del futuro, pensando inversiones, logística, servicios e infraestructura, no son sanjuaninos. Son empresas que entendieron antes que muchos locales que San Juan se convertirá en uno de los centros neurálgicos de la minería argentina y latinoamericana. Y mientras esas empresas avanzan con planificación, estructura y visión estratégica, gran parte de la provincia todavía permanece en una especie de incertidumbre peligrosa, esperando “ver qué pasa”, cuando en realidad lo que se viene ya está ocurriendo.
La situación recuerda inevitablemente a lo sucedido en el año 2003 con el inicio de Veladero. En aquel entonces, San Juan tampoco estaba preparada para el impacto económico, laboral y empresarial que generaría la minería de gran escala. Muchas oportunidades quedaron en manos de compañías externas porque no existía capacidad local suficiente para responder a las exigencias del sector. Hoy, más de veinte años después, pareciera que la historia amenaza con repetirse. Es cierto que existe algo más de experiencia y conocimiento, pero el crecimiento que se aproxima es tan gigantesco que vuelve a dejar al descubierto enormes debilidades estructurales. Proyectos como Vicuña, Los Azules, Hualilán y la continuidad operativa de Veladero configuran un escenario completamente distinto al de años anteriores. Lo que se aproxima no es un crecimiento gradual, es una explosión de demanda, de inversiones, de movimiento económico y de necesidades logísticas que podrían desbordar rápidamente la capacidad de respuesta de la provincia.
Y justamente allí aparece una de las mayores preocupaciones, San Juan hoy no parece preparada logísticamente para sostener semejante expansión. La infraestructura vial es limitada, los espacios industriales son insuficientes, la capacidad hotelera y de servicios podría verse rápidamente saturada y los departamentos de influencia minera todavía no terminan de desarrollar una planificación seria de crecimiento territorial.
Departamentos como Iglesia, Calingasta, Jáchal y ahora también Ullum, impulsado por el crecimiento de Hualilán, deberán transformarse rápidamente en verdaderos polos de servicios y operación minera. Sin embargo, todavía existen enormes falencias en infraestructura básica, espacios logísticos y planificación urbana orientada a la minería.
Durante la Expo, empresarios de gran escala provenientes de Buenos Aires planteaban algo que refleja perfectamente esta problemática. Muchas compañías ya encontraron espacios amplios en la ciudad de San Juan para instalar bases operativas, depósitos y centros logísticos. Pero cuando miran hacia departamentos estratégicos como Iglesia, se encuentran con una realidad muy distinta: faltan predios adecuados, parques industriales consolidados, grandes playones logísticos y espacios preparados para albergar operaciones de la magnitud que demanda la minería moderna. Y allí aparece otra cuestión central que los sanjuaninos todavía no terminan de comprender, no alcanza solamente con reclamar que las empresas se instalen localmente; también es necesario generar las condiciones para que eso suceda.
Una empresa no puede instalar una operación de gran escala donde no encuentra infraestructura acorde, conectividad, servicios o capacidad operativa suficiente.
Esa situación debería ser interpretada no como una derrota, sino como una enorme oportunidad para el empresariado local. El futuro económico de departamentos como Iglesia probablemente no pase únicamente por prestar servicios tradicionales a las mineras, sino por desarrollar infraestructura privada de alto nivel. La construcción de parques logísticos, complejos empresariales, galpones industriales, oficinas corporativas, centros de almacenamiento, servicios gastronómicos especializados y alojamientos preparados para grandes compañías puede convertirse en uno de los negocios más importantes de los próximos años. La minería no solamente demandará trabajadores; demandará territorio preparado, servicios eficientes y capacidad empresarial profesionalizada.
Pero existe otro problema igual de importante, la capacitación laboral. Se habla constantemente de la cantidad de empleos que generará la minería, pero poco se discute sobre cuántos sanjuaninos están realmente preparados para ocupar esos puestos. Trabajar en alta montaña exige formación técnica, disciplina operativa, conocimientos específicos y estándares internacionales de seguridad.
Sin embargo, todavía no se observa un proceso masivo y profundo de capacitación orientado a preparar a miles de trabajadores para el escenario que se viene. Ni el Estado ni gran parte del sector privado parecen estar desarrollando, con la velocidad necesaria, una estrategia integral de formación de mano de obra especializada. Y la minería no espera. Cuando los proyectos entren en plena etapa de construcción y producción, la demanda será inmediata. Si San Juan no logra preparar a su gente, nuevamente serán trabajadores y empresas externas quienes ocupen gran parte de esos espacios.
La presencia de cámaras empresariales chilenas, como APRIMIN, también dejó otro mensaje importante. Chile ya recorrió este camino hace décadas y hoy posee experiencia, proveedores desarrollados y empresas altamente especializadas en minería.
Muchas de esas firmas observan a San Juan como una oportunidad extraordinaria y ya comenzaron a buscar alianzas estratégicas en la provincia. Allí aparece otro desafío enorme para los sanjuaninos, comprender que el asociativismo será fundamental para competir en un escenario de escala internacional. Las pequeñas y medianas empresas locales difícilmente puedan afrontar solas el nivel de exigencia que demandará la nueva minería. Asociarse, profesionalizarse y generar redes de trabajo será indispensable para no quedar relegados frente a compañías externas que llegan con décadas de experiencia acumulada.
La sensación final que dejó la Expo Minera San Juan 2026 es tan clara como preocupante. San Juan está frente a una oportunidad histórica de crecimiento económico, desarrollo productivo y generación de empleo, pero también frente al riesgo de repetir errores del pasado. La minería avanza como una topadora y el tiempo para prepararse es cada vez menor. El verdadero debate ya no debería centrarse en si la minería traerá desarrollo, porque eso parece inevitable. La discusión urgente pasa por definir si ese desarrollo quedará verdaderamente en manos de los sanjuaninos o si otra vez gran parte de las oportunidades terminarán siendo aprovechadas por quienes llegaron antes, se prepararon mejor y entendieron más rápido la magnitud del cambio que ya comenzó.
Diego Varela (Socio Gerente de Diario Libre y Andino Minning)
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