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El Concejo se mueve, la política también, lo que deja el cambio de autoridades en el Consejo Deliberante

  • Foto del escritor: Diario Libre
    Diario Libre
  • 10 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

El cambio de autoridades en el Concejo Deliberante de Iglesia fue presentado como un acto administrativo previsto por la Ley 430 P. La norma, que estipula la rotación obligatoria de la presidencia cada dos años, parece a simple vista ofrecer una explicación técnica, casi protocolar. Pero detrás de esa formalidad emerge un movimiento político más profundo, que habla de tensiones, acuerdos soterrados y un reacomodamiento que excede la literalidad del reglamento.



La salida de Enrique Muñoz, el hombre más alineado con el intendente Jorge Espejo dentro del cuerpo legislativo, no es un detalle menor. Durante toda la gestión, Muñoz actuó como un puente directo entre el Ejecutivo y el Deliberativo, un rol que le permitió controlar la agenda, contener conflictos y sostener decisiones que muchas veces generaron polémica en la comunidad. Su conducción tenía nombre y apellido, cuestionado o no, representaba la continuidad del oficialismo dentro del recinto.


La elección de Marcelo Agudo, en cambio, abre una etapa cargada de interrogantes. ¿Será Agudo un presidente autónomo, capaz de imprimir un sello propio, o responderá a la lógica de equilibrio interno que parece haber tomado forma entre los concejales? ¿Su llegada representa un cambio de rumbo o simplemente una renovación cosmética para cumplir con el expediente legal?


El contexto político sugiere que la respuesta no es lineal. Diversas voces dentro del arco municipal aseguran que existía un acuerdo previo de alternancia en la conducción del Concejo, un pacto que ahora habría llegado a su momento de cumplimiento. Lo que no se dice abiertamente —pero se intuye— es que este recambio también podría estar relacionado con tensiones acumuladas en el oficialismo, donde la figura del intendente Espejo ya no parece gozar del mismo consenso interno que al inicio de su gestión.


En política, las formas importan, pero los tiempos importan más. Y el momento elegido para este movimiento institucional invita a pensar en un reacomodamiento preventivo: una estrategia para equilibrar fuerzas, redistribuir protagonismos y evitar que un liderazgo demasiado concentrado se transforme en un problema más adelante.


El gran desafío ahora recae sobre el propio Agudo. Su capacidad para conducir el Concejo sin quedar atrapado entre los intereses del Ejecutivo y las presiones del resto de los ediles será determinante. Si se limita a administrar la continuidad, su presidencia será solo un trámite. Pero si logra construir una agenda propia, debatir con autonomía y recuperar el rol deliberativo que a veces pareció diluirse, entonces esta renovación podría marcar un verdadero punto de inflexión para la institucionalidad iglesiana.


En definitiva, el cambio está hecho. Lo importante es lo que venga después. Porque en Iglesia, al igual que en cualquier espacio democrático, los cargos se renuevan por ley, pero el poder se construye, y se disputa, todos los días.


La nueva mesa directiva quedó conformada de la siguiente manera:


Presidente: Marcelo Agudo


Vicepresidente: Pablo Esquivel


Secretaria: Claudia Cabral


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