Las Mellis una historia de amor, esfuerzo y gratitud que late en el corazón de Iglesia
- Diario Libre

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Felipe Díaz, fundador de la retacería Las Mellis en Rodeo, compartió un testimonio profundo y conmovedor sobre el camino recorrido junto a su familia. Desde un inicio humilde y con lo mínimo, lograron construir mucho más que un negocio: un verdadero servicio para la comunidad iglesiana.

En el corazón de Rodeo, donde las distancias se acortan con la cercanía de la gente y el esfuerzo diario es parte de la identidad, hay historias que no se escriben con tinta, sino con constancia, sacrificio y amor. La de Felipe Díaz es una de ellas. Detrás del mostrador de la retacería Las Mellis, su voz guarda años de trabajo silencioso, de decisiones difíciles y de una convicción inquebrantable: salir adelante, aun cuando todo parecía empezar desde cero.

Todo comenzó con una charla, casi como tantas otras, pero que terminó cambiando su destino. “Me dijeron que en Iglesia faltaban cosas, y entre esas cosas, una retacería”, recuerda Felipe. Aquella idea quedó resonando, creciendo en su cabeza hasta convertirse en un impulso imposible de ignorar. Sin grandes recursos, pero con una determinación firme, decidió dar el paso. “Siempre fui de decir hagamos, aunque tengamos lo mínimo. Y así empezamos, con lo que había”, cuenta, evocando aquellos primeros días donde cada avance era una conquista.
El inicio no fue sencillo, el local era pequeño, reducido a un espacio que alcanzaba apenas para comenzar, pero que en ese momento parecía un mundo entero por construir. Corría el año 2002 y no había certezas, solo trabajo y esperanza. Lo que sí estaba claro desde el primer momento era que no sería un camino en soledad. Su esposa y sus hijas mellizas, Emilce y Glenis, se sumaron a ese sueño que con el tiempo terminaría dándole nombre al emprendimiento. Las Mellis no es solo un negocio, es la huella viva de una familia que creció entre telas, hilos y sacrificios compartidos.
Con el paso de los años, el negocio fue transformándose, casi como un reflejo directo de las necesidades del pueblo. Lo que empezó siendo una retacería se fue ampliando poco a poco: llegaron los artículos de librería, la mercería, las lanas que hoy abrigan tantos inviernos iglesianos, el hule, el telgopor y más recientemente los descartables. Cada incorporación fue una respuesta concreta a la gente, una manera de acompañar la vida cotidiana de quienes confiaban en ellos. “Esto más que un negocio es un servicio”, afirma Felipe, y en esa frase se resume una filosofía construida con humildad y compromiso.
Pero el tiempo también trae cambios inevitables. Las hijas crecieron, buscaron sus propios caminos y comenzaron nuevas etapas lejos del mostrador que las vio formarse. Emilce se radicó en la ciudad Capital de San Juan, mientras que Glenis encontró una oportunidad laboral en el proyecto Vicuña. “Ya no estamos todos como antes, ahora somos menos manos”, dice Felipe, dejando entrever la nostalgia de aquellos años compartidos, aunque sin perder la gratitud por los logros de sus hijas. Hoy, junto a su esposa, “la patrona”, como la nombra con cariño, continúa sosteniendo el negocio con la misma entrega de siempre.

A lo largo de más de dos décadas, Las Mellis no acumuló riquezas materiales, pero sí algo mucho más profundo y duradero, el reconocimiento y el afecto de toda una comunidad. “No nos vamos a ir muy altos económicamente, pero esto siempre fue una ayuda para nosotros, y estamos bien, gracias a Dios”, expresa con sinceridad. Sus palabras no buscan grandeza, sino verdad. Y es justamente esa autenticidad la que convirtió al negocio en un punto de referencia para vecinos de todo el departamento, desde Tambillo hasta Angualasto.
El vínculo con la gente es, quizás, el mayor capital de esta historia. Clientes que se convirtieron en conocidos, conocidos que se transformaron en afectos, y una comunidad que acompañó cada paso del crecimiento. Por eso, Felipe vuelve una y otra vez al mismo sentimiento: el agradecimiento. “A todo el pueblo iglesiano, gracias de corazón. Siempre vamos a estar agradecidos”, repite, con una emoción que no se disimula.

Hoy, después de 24 años de trabajo ininterrumpido, la retacería Las Mellis sigue de pie. No como un simple comercio, sino como un símbolo de perseverancia, de raíces y de compromiso con la gente. En cada rincón del local hay una historia, en cada producto una necesidad resuelta, y en cada cliente, un lazo que se fue construyendo con el tiempo.
Porque en Iglesia, hay lugares que venden y hay otros que trascienden. Las Mellis pertenece a estos últimos, un espacio donde el esfuerzo se volvió historia y donde una familia, sin hacer ruido, logró convertirse en parte esencial de la vida de todo un pueblo.
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