Los perros sueltos volvieron a desatar el caos en Iglesia
- Diario Libre

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En los últimos días se acumularon nuevos episodios que reflejan una problemática cada vez más grave en el departamento. Hubo animales de producción muertos, vecinos indignados, una adolescente hospitalizada tras caer de su bicicleta y un niño atacado por un perro. La preocupación crece y las respuestas siguen sin aparecer.

La problemática de los perros sueltos y las jaurías en la vía pública volvió a sacudir con fuerza al departamento Iglesia, donde en los últimos días se registraron nuevos hechos que generaron alarma, bronca e impotencia entre vecinos de distintos sectores. Lo que para muchos durante años fue visto como una situación “normal” o parte del paisaje cotidiano, hoy se ha transformado en una verdadera amenaza para la seguridad de niños, trabajadores, ciclistas, productores, turistas y familias enteras, que conviven a diario con el miedo a sufrir un ataque o a encontrar nuevas pérdidas en sus propiedades.
Los casos ya no pueden considerarse aislados ni menores. Por el contrario, cada semana aparecen nuevas denuncias y testimonios que muestran cómo la falta de control sobre la tenencia de perros, la reproducción desmedida, el abandono y la irresponsabilidad de algunos dueños van profundizando un problema que parece haber superado hace tiempo la capacidad de reacción de quienes deberían intervenir. En Iglesia, para muchos vecinos, caminar, salir en bicicleta o incluso trabajar dentro de una finca ya no ofrece garantías mínimas de tranquilidad.

Uno de los episodios que volvió a encender la indignación ocurrió recientemente en la localidad de Las Flores, donde un vecino manifestó su profundo enojo luego de que una jauría ingresara a su finca y le matara más de una docena de conejos. El hecho no solo representó una pérdida económica y material para la familia afectada, sino también un golpe al esfuerzo de quienes sostienen pequeñas producciones rurales o crían animales como parte de su economía cotidiana. El ingreso de perros a propiedades privadas y corrales se ha convertido en una escena repetida en distintas zonas del departamento, dejando detrás animales muertos, daños y un sentimiento de total desprotección.
Ese caso no fue el único. Días antes, otro vecino de la zona también había hecho pública su preocupación luego de denunciar que una jauría le habría matado un chivo reproductor, un animal de alto valor para cualquier productor. La muerte de este tipo de ejemplares no implica solamente la pérdida de un animal, sino también la afectación directa de una inversión, de la genética del rodeo y del trabajo que muchas familias vienen sosteniendo con enorme esfuerzo en medio de una economía compleja. Para quienes viven del campo o complementan sus ingresos con la cría de animales, estas situaciones no son un simple “inconveniente”, sino un golpe serio y doloroso.

Sin embargo, la preocupación no termina en el daño a la producción o en las pérdidas dentro de fincas particulares. La situación también golpea directamente a quienes transitan por las calles del departamento, especialmente en barrios donde la presencia de perros sueltos se ha vuelto cada vez más frecuente y peligrosa. En varios sectores de Iglesia, vecinos aseguran que ya es habitual ver grupos de perros recorriendo calles, persiguiendo bicicletas, motos o peatones, y generando escenas que podrían terminar en tragedia en cualquier momento.
Uno de los hechos más preocupantes se registró durante la jornada de este sábado, cuando una adolescente de 14 años debió ser trasladada al Hospital Dr. Tomás Perón de Rodeo luego de sufrir una fuerte caída al ser sorprendida por un perro mientras circulaba en bicicleta por el barrio Puente Verde. Según trascendió, la joven se encontraba haciendo el reparto de venta de empanadas cuando el animal salió de manera repentina con intenciones de morderla, provocando que perdiera el control del rodado y cayera con violencia al suelo. El episodio generó una fuerte repercusión entre vecinos y familiares, no solo por la edad de la menor, sino también porque expone una realidad cada vez más evidente, hay chicos y trabajadores que salen a ganarse el día o a cumplir con sus actividades cotidianas y terminan expuestos a situaciones de riesgo por la falta de control sobre animales sueltos.
A ese hecho se suma otro caso que también generó enorme preocupación en la comunidad. Días atrás, un niño de 9 años tuvo que ser hospitalizado luego de ser atacado por un perro en el Barrio 25 de Noviembre, a pocos metros de la Iglesia del Rosario. La cercanía con un espacio urbano transitado y familiar no hizo más que profundizar la gravedad del episodio, ya que deja en evidencia que el problema no se limita a sectores rurales o alejados, sino que también se presenta en zonas pobladas y frecuentadas por niños y vecinos. "Los dueños de los perros de esta cuadra son todos unos irresponsables", aseguro la vecina denunciante.
En torno a este caso, habitantes del sector señalaron además que se trata de un área con escasa iluminación durante la noche, una situación que agrava todavía más el escenario de inseguridad. La combinación de calles poco iluminadas, perros sueltos y falta de controles genera un contexto peligroso para cualquiera que deba movilizarse a pie, en bicicleta o incluso en moto. La preocupación de los vecinos ya no pasa solamente por la incomodidad o el susto, sino por la posibilidad concreta de que ocurra un desenlace mucho más grave.
Y es justamente allí donde aparece uno de los puntos más sensibles de este problema, la sensación de abandono que muchos vecinos aseguran sentir frente a una problemática que crece, se repite y suma casos, pero no encuentra respuestas claras ni visibles por parte de las autoridades. En Iglesia, cada nuevo ataque, cada nueva pérdida en una finca y cada nueva denuncia parecen caer dentro de una rutina de resignación social, donde todos saben que el problema existe, pero nadie termina resolviéndolo de fondo.
A esto se suma el recuerdo de una promesa que en su momento había despertado expectativas entre la comunidad, la creación de un Canil Municipal, una obra o espacio que había sido mencionada años atrás como parte de una posible solución para el control de perros callejeros y animales sueltos. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa iniciativa quedó envuelta en el silencio y en la incertidumbre. Vecinos recuerdan que incluso se habló de recursos o fondos destinados para ese fin, pero hasta hoy no hay nada oficial, visible ni concreto que permita pensar que el problema está siendo abordado de manera seria.
La falta de avances en ese sentido genera todavía más bronca en una comunidad que ve cómo los casos se multiplican mientras las respuestas siguen siendo escasas o nulas. Porque mientras se discute qué hacer o quién debe hacerse cargo, en los barrios, en las calles principaes y en las fincas la realidad sigue golpeando todos los días, con perros que circulan libremente, dueños ausentes o indiferentes y vecinos que terminan pagando las consecuencias.
En ese contexto, otro aspecto que aparece una y otra vez en los testimonios vecinales es el de la tenencia irresponsable de animales, particularmente en sectores nuevos o barrios donde muchas familias crían perros sin contar con las condiciones básicas para mantenerlos dentro de sus terrenos. La falta de cierres perimetrales, medianeras, portones seguros o divisiones adecuadas provoca que muchos animales salgan constantemente a la calle, queden librados a su propio comportamiento y terminen convirtiéndose en un peligro para terceros.
La situación se vuelve todavía más indignante cuando, además del daño ocasionado, algunos propietarios ni siquiera asumen la responsabilidad por los hechos. Un caso que generó especial malestar fue el denunciado por una familia del barrio Puente Verde, donde un perro había atacado a un niño semanas atrás. Según el testimonio difundido por allegados, la dueña del animal habría reaccionado con total indiferencia y desinterés ante lo sucedido.
“Si quieren matar al perro, háganlo. Yo no lo quiero y no me voy a hacer cargo de nada”, habría expresado la mujer, según la denuncia realizada por la familia afectada.
La frase cayó como una bomba entre vecinos, no solo por la crudeza de lo dicho, sino porque refleja un nivel de irresponsabilidad que muchos consideran inadmisible. Según trascendió, la mujer sería oriunda de Chimbas y tendría domicilio en Rodeo, aunque más allá del caso puntual, el hecho volvió a poner sobre la mesa una discusión de fondo, qué pasa cuando alguien decide tener animales, pero no asume ninguna obligación sobre su cuidado, control o consecuencias.
Lo cierto es que en Iglesia la paciencia vecinal parece agotarse. Son cada vez más las voces que reclaman controles reales, sanciones para los dueños irresponsables, campañas de castración sostenidas, políticas de prevención y una decisión política concreta para atacar el problema de raíz. Porque ya no se trata solamente de perros sueltos, se trata de una situación que afecta la convivencia, la seguridad, la producción y la tranquilidad de toda una comunidad.
Mientras tanto, la pregunta sigue siendo la misma y resuena cada vez con más fuerza en las calles, en los barrios y en las fincas del departamento: ¿qué más tiene que pasar para que alguien actúe? Porque si los casos siguen sumándose y nadie toma medidas serias, en Iglesia el miedo ya no es solo a una mordedura o a una caída. El verdadero temor es que, tarde o temprano, la próxima noticia sea una tragedia que pudo haberse evitado.
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