top of page

Día de la Tejedora: las manos que mantienen viva el alma y las raíces del departamento Iglesia

  • Foto del escritor: Diario Libre
    Diario Libre
  • hace 4 horas
  • 5 min de lectura

Hay historias que no se escriben con tinta, se escriben con hilos, con paciencia, con el sonido del telar que acompaña las tardes de invierno, con las manos curtidas por los años y con la mirada de una abuela que enseña a su hija o a su nieta que cada puntada lleva consigo un pedazo de historia.



Así nació el tejido en el departamento Iglesia. No como un oficio más, sino como una forma de vida. Como una herencia que ha viajado de generación en generación, conservando el conocimiento de nuestros antepasados y convirtiéndose en uno de los patrimonios culturales más valiosos de nuestra comunidad.


Cada 13 de julio se celebra el Día de la Tejedora, una fecha que invita a detenernos para mirar con admiración a esas mujeres y hombres que, desde la sencillez de sus hogares, han sabido proteger una tradición ancestral que hoy continúa identificando a Iglesia. Son personas que no solo confeccionan prendas; tejen recuerdos, historias familiares, costumbres y la identidad de un pueblo que se resiste a olvidar de dónde viene.



Cada poncho, cada manta, cada ruana, cada chalina o cada pieza salida de un telar artesanal lleva mucho más que lana entre sus fibras. Lleva horas de trabajo silencioso, noches enteras de dedicación, años de aprendizaje y el amor profundo por una tradición que nunca dejó de tener sentido. Lleva el orgullo de quienes comprendieron que conservar las costumbres también es una forma de honrar a quienes caminaron antes que nosotros.


Las tejedoras son las guardianas de nuestras raíces. En sus manos viven los saberes de nuestros abuelos, los conocimientos heredados de los antiguos pobladores de estas tierras y la memoria de tantas familias que hicieron del tejido una forma de expresar su identidad. Ellas son quienes mantienen vivo un conocimiento que no puede aprenderse únicamente en un aula, porque nace de la observación, de la práctica cotidiana, de la paciencia y del cariño con que una generación enseña a la siguiente.


En Iglesia, el tejido es parte de la historia del departamento. Es el reflejo de una comunidad trabajadora que encontró en la lana y en el telar una manera de transformar el esfuerzo en arte. Es una tradición que ha sabido resistir el paso del tiempo, las modas y los cambios sociales, porque detrás de cada artesana existe un compromiso inquebrantable con la cultura y con la memoria de su pueblo.


Por eso, en este Día de la Tejedora, el homenaje es para todas aquellas personas que han dedicado su vida a mantener viva esta maravillosa tradición y, de manera muy especial, para las tejedoras y los tejedores tradicionales del departamento Iglesia: Ermela Balmaceda, Edith Balmaceda, Elisa Mondaca, Silvia Álvarez, Patricia Castillo, Analía Espejo, Natalia Poblete, Roque Poblete, Marcelo Bartolome, Mirta Castro, Raquel Varela, Fresia Muñoz, Cristina Brizuela, Marquesa Montaño, María Riveros, Faustina Godoy, María Díaz, Silvia Alvarez, Eva Alvarez quien es profesora de la escuela de Capacitación Laboral. Y a muchas mas que no tenemos registro oficial desde nuestro medio de comunicación. A cada una de ellas de Angualasto, Tudcum, Las Flores, Villa Iglesia y toda la zona sur de nuestro departamento.


Cada uno de ellos representa una historia distinta, pero todos comparten el mismo amor por un oficio que forma parte de la esencia de Iglesia. Sus manos han tejido miles de prendas que hoy abrigan a familias enteras, pero también han tejido recuerdos imborrables, encuentros familiares, enseñanzas y valores que siguen presentes en la vida cotidiana de nuestra comunidad.


Hay quienes, además de tejer, decidieron dedicar su vida a enseñar para que esta tradición nunca desaparezca. Ese es el caso de Patricia Castillo y Cristina Brizuela, quienes con enorme vocación se convirtieron en profesoras y formadoras de nuevas generaciones de artesanas. Ellas comprendieron que un conocimiento solo permanece vivo cuando se comparte, y por eso abrieron las puertas del telar a niñas, niños, jóvenes y adultos que hoy descubren la magia de crear una prenda con sus propias manos.


Gracias a mujeres como ellas, el futuro del tejido artesanal tiene continuidad. Sus alumnas y alumnos serán quienes mañana mantendrán viva esta herencia cultural, del mismo modo que muchos hijos e hijas de las actuales tejedoras ya comienzan a aprender el oficio dentro de sus propios hogares. Allí, entre ovillos de lana, agujas y telares, nace una nueva generación que entiende que tejer no es solamente elaborar una prenda: es aprender a valorar el tiempo, la paciencia, el esfuerzo y el profundo respeto por las raíces.


Entre todas las artesanas que han llevado el nombre de Iglesia con orgullo, merece un reconocimiento muy especial Raquel Varela, cuya trayectoria se ha convertido en un ejemplo del enorme talento que existe en nuestro departamento. Sus tejidos, elaborados con técnicas tradicionales heredadas de sus mayores, han recibido importantes reconocimientos provinciales y se han transformado en un verdadero símbolo del trabajo artesanal iglesiano.


Uno de los momentos más significativos de su carrera fue la obtención del Premio Adquisición en la Feria Internacional de las Artesanías por su emblemático Poncho Patrio, una obra confeccionada íntegramente con técnicas ancestrales que fue distinguida por su excelencia, su calidad y el profundo significado cultural que representa. Ese reconocimiento no solo premió su trabajo; también puso en lo más alto el nombre del departamento Iglesia y de todos los artesanos que mantienen viva esta tradición. Sin embargo, este año, durante la Feria Internacional de Artesanias, otro poncho confeccionado por la artesana Raquel Varela, oriunda de Rodeo, captó la atención del gobernador de San Juan, Marcelo Orrego. Según trascendió desde el propio Gobierno provincial, el mandatario quedó impactado por la calidad y belleza de la prenda exhibida en el espacio artesanal del Gobierno de San Juan, al punto de solicitar su adquisición inmediata. El poncho fue comprado por el Ministerio de Cultura como obsequio institucional para el gobernador, marcando un nuevo reconocimiento al enorme talento artesanal surgido desde Iglesi


Pero quizá el mayor reconocimiento que pueden recibir nuestras tejedoras no sea un premio ni una distinción. Es saber que gracias a ellas nuestras costumbres siguen vivas. Que todavía hay niñas y niños que observan con admiración cómo nace un poncho en un telar. Que aún existen familias donde una abuela continúa enseñando lo mismo que aprendió de su madre. Que todavía hay manos capaces de transformar un simple hilo en una obra cargada de historia.


Vivimos tiempos en los que muchas tradiciones corren el riesgo de desaparecer frente a la velocidad de la vida moderna. Sin embargo, las tejedoras de Iglesia nos recuerdan todos los días que hay cosas que jamás deberían perderse. Nos enseñan que la identidad de un pueblo no solo se encuentra en sus paisajes o en sus fiestas populares, sino también en los pequeños gestos cotidianos, en los oficios heredados y en las manos que trabajan con amor para que el pasado siga teniendo un lugar en el presente.


Ellas no solo confeccionan prendas que abrigan el cuerpo. Abrigan la memoria de todo un pueblo. Custodian los conocimientos de nuestros antepasados. Conservan las tradiciones ancestrales que dieron identidad a Iglesia mucho antes de que existieran los caminos o las grandes obras. Son las mujeres y los hombres que sostienen un legado invaluable, uno que no pertenece únicamente a sus familias, sino a toda la comunidad.


Desde Diario Libre San Juan queremos abrazar con el corazón a cada una de nuestras tejedoras y tejedores. Gracias por su trabajo silencioso, por su paciencia infinita, por el amor que ponen en cada hilo y por enseñarnos que las raíces de un pueblo solo permanecen fuertes cuando existen personas dispuestas a cuidarlas.


Que nunca falten manos para hilar la lana, ni corazones para transmitir este saber. Que nunca deje de escucharse el sonido del telar en los hogares de Iglesia, y que las nuevas generaciones comprendan que en cada poncho, en cada manta y en cada tejido artesanal no solo hay una prenda, hay una historia, una familia, una identidad y el alma misma de nuestro departamento.


A todas las tejedoras y tejedores de Iglesia, gracias por ser las guardianas y los guardianes de nuestras raíces. Gracias por cuidar nuestras tradiciones ancestrales y por recordarnos, con cada puntada, quiénes somos y de dónde venimos.


¡Feliz Día de la Tejedora!

Comentarios


banner sisan juan 970x90.png
  • Facebook
  • Instagram
  • LinkedIn

© Copyright 2024/ · Diario Libre · Todos los derechos reservados. Santo Domingo S/N Rodeo, Iglesia, San Juan.

                       email: diariolibreiglesia@gmail.com

bottom of page