El peronismo y su responsabilidad en el derrumbe institucional que precedió al golpe de 1976
- Diario Libre

- hace 9 horas
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Entre internas irreconciliables, violencia política y decisiones que erosionaron la institucionalidad, el gobierno peronista previo al golpe quedó en el centro de un debate histórico que aún interpela responsabilidades.

El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 que derrocó a Isabel Martínez de Perón no puede comprenderse sin analizar en profundidad el proceso político que lo precedió, donde el peronismo, entonces fuerza gobernante, no solo fue protagonista, sino también actor central en la descomposición del sistema institucional. Lejos de tratarse de un quiebre repentino, el desenlace fue el resultado de una acumulación de tensiones, errores estratégicos y disputas internas que, con el correr de los meses, fueron debilitando la capacidad del Estado para sostener el orden democrático.
La muerte de Juan Domingo Perón en julio de 1974 dejó un vacío de poder imposible de llenar. Su liderazgo, que había funcionado como eje ordenador de un movimiento heterogéneo, dio paso a una fragmentación acelerada dentro del peronismo, donde convivían, cada vez con menor margen de negociación, sectores sindicales tradicionales, estructuras políticas ortodoxas y organizaciones juveniles con orientación revolucionaria. Sin una conducción firme, el gobierno de Isabel quedó atrapado en una dinámica de disputas internas que no solo paralizaban la gestión, sino que trasladaban el conflicto al conjunto de la sociedad.

En ese marco, el propio aparato estatal, bajo conducción peronista, fue escenario y herramienta de prácticas que profundizaron la violencia. La irrupción de la Triple A, vinculada a sectores del oficialismo, marcó un punto de inflexión al institucionalizar mecanismos de persecución y eliminación de opositores por fuera de la ley. Lejos de contener la escalada, estas acciones consolidaron una lógica de confrontación que se retroalimentaba con la actividad de organizaciones armadas como Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo, configurando un escenario donde la violencia dejó de ser excepcional para convertirse en un componente estructural de la vida política.
A la crisis política se sumó un deterioro económico de magnitud. Las medidas implementadas por el gobierno no lograron contener una inflación creciente, mientras la pérdida del poder adquisitivo y los conflictos gremiales intensificaban la inestabilidad. La falta de un programa económico consistente y la incapacidad para articular consensos profundizaron la percepción de un gobierno sin rumbo, debilitado tanto en su legitimidad como en su eficacia.

En ese contexto, el peronismo gobernante no solo enfrentó la crisis, sino que, en muchos aspectos, contribuyó a su agravamiento. La ausencia de decisiones que recompusieran el orden institucional, sumada a la tolerancia, o incapacidad de control, sobre estructuras violentas dentro de su propia órbita, erosionó las bases mismas del sistema democrático. Este proceso fue generando, progresivamente, las condiciones para que sectores de poder comenzaran a considerar la intervención militar no como una ruptura inaceptable, sino como una salida posible frente al desorden.
Las Fuerzas Armadas, que ya venían evaluando escenarios de intervención, encontraron así un terreno fértil. El golpe que dio inicio al Proceso de Reorganización Nacional, encabezado por figuras como Jorge Rafael Videla, no surgió en el vacío: se apoyó en una crisis previa que había debilitado al extremo al gobierno constitucional. Sin embargo, ese desenlace no puede interpretarse como inevitable ni justificarse por el contexto; la decisión de interrumpir el orden democrático fue una elección de las Fuerzas Armadas, con consecuencias que marcarían a fuego la historia argentina.
A casi cincuenta años, el análisis histórico exige complejidad. Señalar el rol del peronismo en el deterioro previo al golpe no implica desconocer otras responsabilidades, pero sí obliga a revisar críticamente cómo un movimiento que detentaba el poder terminó inmerso en una dinámica que socavó su propia sustentabilidad. En ese entramado de decisiones, omisiones y enfrentamientos, se gestó un escenario donde la democracia quedó expuesta, debilitada y finalmente interrumpida, abriendo paso a uno de los períodos más trágicos del país.
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